polítiques del cos

 

 

Políticas del “cuerpo” y teorías feministas. Reflexiones introductorias

(Notas de la exposición realizada el 18 de Mayo del 2007 por Diana Sarkis Fernández)

 

1. Presentación:

 

Articularé una discusión situada en el devenir histórico de la conceptualización político-teórica del “cuerpo” desde la teoría feminista, en la que distinguiré diversas posiciones en muchos casos contrapuestas. Perspectivas que situaré cronológicamente, aunque en muchos casos se entrecruzan en un mismo momento histórico, y hasta la actualidad. Se trata de un acercamiento a algunos de los textos producidos desde las teorías sociales feministas y en concreto de la filosofía política, la sociología y la antropología. Este repaso crítico no pretende en ningún caso presentarse como exhaustivo ni mantiene una voluntad de totalización respecto al análisis de las múltiples y contrapuestas propuestas teórico-políticas feministas respecto al “cuerpo”; por el contrario la discusión crítica que propongo retoma algunos de los textos básicos con los que trabajo en mi proyecto de tesis: “El controvertido devenir de las mujeres sirias. Relaciones de género y de clase, mundialización económica y políticas de la tradición en el rif sirio-costeño actual”.

Mi acercamiento a “las Antropologías del cuerpo” se ancla en una implicación política en las teorías feministas que lo precede, y que supera -englobando- mi proyecto de tesis. He planteado esta exposición, ante todo, como un trabajo prospectivo en el que abordo las cuestiones principales que ligan la reflexión feminista sobre el cuerpo con mi proyecto de investigación: (1)¿Cómo se ha pensado la corporización/encarnación (embodiment) como metáfora de las relaciones entre saber y poder, entre conocimiento y política, y como principio de una práctica investigadora políticamente implicada con la transformación de las relaciones de explotación y dominación imperantes? (2) ¿Podemos estudiar la materialidad corporal como coagulación materializada de esas relaciones de explotación y dominación (género, clase, centro/periferia (3) ¿En qué lugar debemos situar la crítica al biologicismo y al materialismo naturalista de la diferencia sexual como diferencia biológico-corporal innata, el carácter inminentemente relacional de las posiciones de mujeres y hombres en la participación en la vida social, y la interacción entre diversos principios de desigualdad/diferenciación que fragmentan también a las propias mujeres y a los hombres (interacción sexo-clase-edad)? ¿Qué lugar ocupa la corporeidad (producción de una corporeidad diferenciada) dentro de los dispositivos de reproducción de las desigualdades y explotaciones de género? (4) ¿Cuáles son los diversos posicionamientos feministas respecto al lugar de la diferencia biológico-corporal en la constitución de l@s sujet@s políticos feministas, uno dado, esencial “la mujer”, o múltiple y plural, pero también de forma estática (p.ej: “mujeres y negras y proletarias”), o nomádico, estratégico, variable. Y si variable, ¿totalmente contingente y variabilidad en manos de l@s sujet@s o en relación a posiciones estructurales compartidas y proyectos comunes, convergentes en algunos sentidos y no en otros?) ¿Cómo pensar la resistencia, la transgresión, y la transformación de las estructuras de sujeción coroporales (embodiment/agency coroporal).

2. Los cuerpos sexuados como materialidad, como representación, como construcción, como marcaje y como performance. Políticas del “cuerpo” y teoría feminista.

2 a) Consideraciones transversales.

La reflexión sobre el “cuerpo” (los cuerpos sexuados, sexualizados y generizados, el cuerpo como espacio de experiencia, como materialidad encarnada y anclaje de una epistemología-política situada, etc.) ha ocupado y ocupa un lugar central en la teoría y praxis feminista. La noción de cuerpo y la existencia corporal en el centro de las luchas y las propuestas político-teóricas feministas desde sus inicios: desde las conceptualizaciones de feministas radicales como Sh.Firestone quien define la sexualidad como una trampa amarga para las mujeres, y esas primeras políticas de re-apropiación de la sexualidad femenina (G.Rubin), y de necesidad de superación política de las condiciones naturales de sujeción impuestas por el dimorfismo sexual hasta las propuestas de L.Irigaray y el llamado feminismo de la diferencia, sobre la capacidad creadora y positiva de esa diferencia corporal-experiencial dada a la propuestas performativas de autoras como J.Butler, propuestas que suponen la problematización de la propia existencia de una materialidad dada pre-social que algunas han asociado con la corporeidad.

2b) Diferencia corporal, dominación sexual y politización de los cuerpos sexuados. Feminismo radical metropolitano entre (años 50, 60-70-80)

Destaca en las obras feministas de mediados de siglo (50, 60), una conceptualización esencialista de ciertas diferencias sexuales-corporales, básicamente la capacidad anatómico-fisiológica de las mujeres para la procreación, diferencias que si bien se entienden como naturales (propias de una ontología natural no cuestionada) materialidad escindida de la práctica social y de sus representaciones, establecen una relación política de dominación que puede subvertirse, transformarse (“la biología no es destino”). Conceptualización ligada a luchas por la libertad sexual (aborto, divorcio, etc, maternidad reconocida y derechos sobre los hijos). Sobretodo politización de la sexualidad y del cuerpo como espacio de sujeción, apropiación y de resistencia. Destaca en esta primera fase, o en este primer grupo (más preciso) la diferencia corporal-biológica como base en sí de la diferencia hombre/mujer. Diferencia esencial, sexo como ontología corporal, biológica que en último caso actúa como condición de posibilidad de las construcciones/producciones socio-simbólicas (Ortner et altri y S. de Beauvoir). Cuerpo como freno en el fondo para la liberación femenina oposición cuerpo/mente y hombre universal abstracto mujer asociada a la reproducción y oprimida en tanto que tal. → Discutido por mi proyecto de tesis qué se pregunta por las experiencias sociales de las mujeres de la costa siria (relaciones de género, clase y centro-periferia no únicamente restringiendo la localización del análisis al terreno de la sexualidad y la procreación, sino también de la producción, el trabajo, etc. Oponiéndome a los reduccionismos dominantes género-mujeres-sexualidad-procreación-parentesco)

Influidas por los planteamientos de Simone de Beauvoir (1949), y en general por esa primera ola feminista que veía en la maternidad el origen de la dominación de las mujeres. Entre ellas podríamos citar a: Sh.Firestone, K.Millet, G.Rubin o K.Mc Kinnon. En contraposición encontramos las formulaciones propuestas desde el feminismo de la diferencia en las que se cuestiona que la dominación de las mujeres (cuando se de) surja del hecho de la maternidad, o de la exclusión del ámbito de la producción (documentadamente inexistente y más si dejamos de conceptualizar producción=producción de objetos).

Autoras retomadas en este apartado:

McKinon (1982) “Feminism, marxism, method and the state”, Signs: Explotación de las mujeres, centrada en la explotación sexual. Apropiación de su cuerpo, de su sexualidad. (C.Guillaumin, más complejo. No solo explotación sexual sino apropiación global de los cuerpos de las mujeres como cuidadoras, amantes, procreadoras, trabajadoras agrícolas, proletarias, etc.)

Sh.Firestone: La dialéctica del sexo (1973) división natural del trabajo. Cuerpos diferenciales. Dimorfismo sexual y opresión de las mujeres fruto de esa opresión. La procreación como trampa amarga para las mujeres.

S.de Beauvoir (1949) Le deuxième sexe. No se nace, pero sí se deviene mujer, aunque no problematiza que se nace hembra y diferente sexualmente.

K.Millet, Sexual Politics (1969) género y deseo, sexualidad, sexo anatómico-fisiológico no coincidentes. Construcción social de la diferencia sexual, y política de las sexualidades (deseo, cuerpos como objeto y sujeto de deseo). femenino/masculino) se cuestionaba el papel originario y esencial atribuido al sexo como realidad en sí (presocial) que determina inexorablemente un ser subjetivo-identitario; centrándose entretanto la mirada en las condiciones individuales que determinan la no necesariedad de la ecuación sexo-género-deseo. Y restando intocable el cuestionamiento del sexo como categoría natural anclada en el cuerpo, así como reproduciendo la reificación[1] apolitizada de la oposición femenino/masculino como dos formas de ser absolutamente opuestas, ahistóricas y esencializadas (la contingencia se sitúa en la concreción individual, no en la definición de esas categorizaciones. Punto básicamente debatido a partir de los estudios antropológicos e históricos que escudriñan en la heterogeneidad de los contenidos sociohistóricos o culturales –pieza clave del análisis antropológico- de la feminidad y la masculinidad). Introducción del concepto de género, entre ellas K.Millet, apropiación de la psico-medicina Stoller. En su origen la distinción sexo-género, no supone en ningún momento una problematización del dualismo cartesiano cuerpo/mente, reproducido en el fondo por la oposición naturaleza/cultura a partir de la que se produce el desarrollo de la aplicación del concepto de género dentro del campo disciplinar antropológico. El sexo como hecho en sí anclado en la materialidad sexual, y generado por las todopoderosas leyes de la biología no será llevado a la palestra de la discusión político-teórica hasta finales de los años 80 de la mano de la “teoría queer” fundamentalmente, aunque no de forma exclusiva. Ya que el análisis feminista de las teorías biologicistas supera esos clamores performativos y se dirige hacia otras líneas de reflexión, en las que si bien la corporeidad femenina y masculina, y en este sentido el sexo como realidad ontológica no pretende cuestionarse, sí se propone estudiar los discursos sobre el sexo, el cuerpo y en general la naturaleza y la biología como dispositivos cargados de contenido político, y por tanto vehículos para la imposición de determinadas relaciones de poder y explotación[2]. Por otro lado, la resituación política de las categorizaciones de la feminidad y masculinidad (en tanto que atributos identitarios –actitudes, sentimientos, sensaciones, deseos, percepciones-, y roles sociales -división socio-sexual del trabajo, papeles políticos ostentados, espacios frecuentados,..- espacios, participación en la apropiación de la producción social global,…- asociados a hombres y mujeres) no aparecerá, sino a partir de la reapropiación elaborada desde el movimiento feminista del concepto de género.

El género como imposición política. Hacia la desnaturalización de la subordinación femenina.

Rastreando los orígenes de la aplicación del concepto de género en referencia a las identidades psico-sociales y la sexualidad, topamos con su introducción en los años 50 en el seno de los debates bio-médicos y psicoanalíticos (principalmente dentro del contexto estadounidense) en torno a la relación entre el dimorfismo sexual (caracteres naturales dados que diferencian fisiológicamente los cuerpos de machos y hembras) y las identidades psicológicas (desarrollo de comportamientos considerados femeninos y masculinos, y del deseo sexual heterosexual). Aplicándose en la tipificación de aquellos casos individuales, en los que la ecuación sexo-género-deseo se desmarcaba de una univocidad que no dejaba de considerarse esencial universalmente, más allá de las disfunciones que ciertos sujetos podían llegar a presentar: intersexos (y no desarrollo claro bajo la mirada médica de caracteres morfológicos y fisiológicos claramente excluyentes), transexuales (vivencia subjetiva de una no coincidencia entre ese cuerpo biológico y las pulsiones, deseos, percepciones y atributos comportamentales supuestamente asociados esencialmente a ese cuerpo), u homosexuales (cuestionamiento de la propia ecuación cuerpo-género-deseo, sin necesidad de la existencia de una voluntad subjetiva de adecuación corporal a la identidades psico-afectiva, comportamental y sexual). De esta manera, se instauraba una distinción analítica por el que “sex” pasaba a hacer referencia únicamente a los componentes morfológico- fisiológicos (básicamente centrados en el reduccionismo genital → biological sex), y “gender” a la categorización socio-identitaria (social sex):

Partiendo de esas consideraciones iniciadas en el campo de la bio-medicina y la psicología, algunas teóricas feministas (entre ellas de forma pionera K.Millet, Sexual Politics, 1969) introdujeron el concepto de género en sus análisis en un intento de situar las identidades sexuales, y en general las subjetividades femenina y masculina en un campo dinámico pleno de imposiciones y luchas políticas. Convirtiéndose así “el concepto de género” en una potente arma de deconstrucción de aquellas verdades naturalistas-esencialistas que vinculaban de forma inexorable las posiciones e identidades ostentadas por mujeres y hombres a la diferencia entre los sexos[3]. En pocas palabras que las mujeres fuesen sumisas, sensibles, madres y esposas incasables (tal como se representaba la feminidad normativa del momento) no encontraba sus causas irrevocables en un innatismo instintivo[4], sino que remitía al poder generador del Patriarcado como sistema de subordinación asentado sobre la dominación represora, pero también productora de la feminidad: “Utilizo la palabra “política” al referirme a los sexos, porque subraya la naturaleza de la situación recíproca que éstos han ocupado en el transcurso de la historia y siguen ocupando en la actualidad (…)asimismo un examen objetivo de nuestras costumbres sexuales pone de manifiesto que constituyen, y han constituido en el transcurso de la historia, un claro ejemplo de ese fenómeno que Max Weber denominó “Herrschaft”, es decir, relación de dominio y subordinación. En nuestro orden social, apenas se discute y, en casos frecuentes, ni siquiera se reconoce (pese a ser una institución) la prioridad natural del macho sobre la hembra. Se ha alcanzado una ingeniosísima forma de “colonización interior”, más resistente que cualquier tipo de segregación y más uniforme, rigurosa y tenaz que la estratificación en clases. Aún cuando hoy día resulte casi imperceptible, el dominio sexual es tal vez la ideología más profundamente arraigada en nuestra cultura, por cristalizar en ella el concepto más elemental de poder” (K.Millet, 1995 [1969]: 69-71)

Aunque en un principio, esa descosificación de la feminidad podía arremeter tanto con la esencialidad de los comportamientos, fantasías y deseos sexuales de las mujeres, como con la división socio-sexual del trabajo, o la exclusión de las mujeres de determinados espacios sociales o de determinadas decisiones sobre la vida colectiva, los ligámenes entre el concepto de género y las luchas feministas aparecieron profundamente penetrados por la propia estructuración del movimiento feminista radical cuyas activistas se encuentran entre las introductoras del término (más que feminismo marxista e importancia de la explotación) que conceptualizaba el patriarcado como una relación de dominación de las mujeres por los hombres principalmente ligada a la negación de la sexualidad femenina, y a su mediatización cosificadora a partir de la reducción de la sexualidad de las mujeres a su papel de medio para la reproducción biológica de la especie, o la satisfacción sexual de los hombres[5]. Al respecto la dicotomía sexo-género será retomada de nuevo para sintetizar la naturaleza social de los comportamientos, actitudes y subjetividades consideradas femeninas y masculinas

→ Pregunta a estas teóricas del patriarcado: ¿podemos entender el control de la sexualidad femenina únicamente desde una teoría del patriarcado por la que los hombres como un sujeto total simplemente disfrutan con la dominación de las mujeres?, ¿de donde nace ese deseo?, ¿la reproducción de la desigualdad de clase no tiene nada que ver con el control de la sexualidad en sociedades donde existe un sistema de matrimonio y de herencia?[6].

Un apunte transversal:

70/80: Polémica McKinon/G.Rubin: oposición dentro de la teoría/práctica feminista en torno a la sexualidad-cuerpos sexualizados en tanto que enclave político de dominación y de resistencia:

McKinon y género/sexualidad conceptualizado como sexualidad colonizada, la dominación sexual como epicentro de la dominación femenina contra el que luchar (“luchas reactivas” Vs el uso/objetivación de la sexualidad femenina. Matrimonio, prostitución, vs estructuras de colonización y cosificación de los cuerpos de las mujeres.)

G.Rubin: 1975 “Thinking Sex: Notes for a radical theory of the politics of sexuality”, in Marché au sex, Toward and Anthropology of Women. El cuerpo como espacio de resistencia, posibilidad de una apropiación de esa corporeidad y de una sexualidad no alienada (grupos de autoconciencia y de prácticas sexuales anti-normativas).

Un apunte antropológico:

Finalmente nos acercaremos al texto de Sh.Ortner “Is Female to male as nature is to culture?”, en M.Rosaldo y L.Lamphere, 1979, como ejemplo antropológico de estos planteamientos esencialista-biologicistas respecto a la diferencia sexual en tanto que diferencia corporal innata (dicotomía sexo-género), y respecto a una ontología profundamente marcada por la dicotomía cartesiana cuerpo-mente, así como por la reducción de “lo material” a materia inerte a-social[7]. Los argumentos que propone la autora cómo condiciones de posibilidad materiales (que en su caso equivale a delimitadas biológicamente) en las que se asienta la categorización de las mujeres como seres más cercanos a la naturaleza (la jerarquización naturaleza/cultura resta como a priori inexplicado e inexplicable) pueden resumirse en: 1) cuerpo de la mujer más débil, menstruación (contaminaciones y debilidad innatas; 2) Ese cuerpo y sus funciones reproductoras la sitúan en roles sociales considerados a su vez por debajo de los hombres (más cerca niños, circunscritas al ámbito doméstico, etc; 3) esos roles impuestos en último caso por la diferencia corporal, dan lugar a una estructura psíquica que refuerza esa asociación con la naturaleza (asociación que remarca Ortner no es absoluta, sino relativamente clara con respecto a los hombres).

A partir de la lectura de esta obra he esbozado este vaciado de principios presentado de forma esquemática:

1. Dominio de un marco analítico universalista que presupone la subordinación universal de las mujeres. Entendiendo subordinación como “jerarquización valorativa” o status.

2. Horizonte conceptual extraído de la teoría liberal de rol y estatus. Aunque si las llamadas marxistas se centraban en una descripción de las actividades (roles), éstas delimitan su mirada sobre las valoraciones hegemónicamente colectivas de esas actividades, y de los sujetos que las ostentan (estatus).

3. Marco ontológico-teórico asentado sobre las tendencias estructuralistas francesas. Las condiciones de posibilidad de esas jerarquizaciones valorativas son asentadas en una estructura conceptual-mental universal que no nace de unas condiciones fisio-bioliológicas innatas, sino de una codificación perceptiva-valorativa transcultural (jerarquización naturaleza/cultura o doméstico/público) cuyo origen no es explicado. De esta manera, la subordinación femenina es explicada en relación a una serie de hechos diferenciales que acaban situándola como más cercana a lo doméstico o lo natural, hechos que en último término remiten a su papel de madres (naturalismo que se esconde en la base tras el idealismo presupuesto en el argumento que sitúa las formas de valorar como origen de la subordinación sin anclarlas en un sustrato posibilitador de éstas)[8].

2.c) “Feminismo de la diferencia” esencialidad, simbología y poder de los cuerpos sexuados

Feminismo diferencia (Irrigaría, L.Muraro, T.Escoriza) “política de las mujeres” fundamentada en una noción de corporeidad sexuada esencialista, generadora de experiencias sociales y horizontes políticos diferenciales. Diferencia sexual cosificada que es reinvertida a diferencia del primer grupo de propuestas, en tanto que fuente de poder (Vs opresión) y como referente a (re)simbolizar positivamente (símbólico de la madre y Librería de las Mujeres de Milán). Propuesta de una sexualidad y de experiencia femenina corporal que puede construirse más allá de la constitución patriarcal de cuerpos y experiencias. Psicoanálisis y cuerpos como realidades ontológicamente diferentes, la experiencia material, sensitiva de las mujeres como diamante precioso a cultivar, en aras de la construcción de una epistemología, de un devenir y de una política alternativa.

L.Irigaray., Speculum, de l’autre femme, 1974 et L’éthique de la différence sexuelle, 1984

Tras la crisis del sujeto universal abstracto disembodied cartesiano e hiperconocedor-desituado, logocéntrico, L.Irigaray propone una “política de las mujeres”, sexuada, experimental y corporización del conocimiento, parler n’est jamais neutre, y sujeto siempre sexuado, otras racionalidades y proyectos universalistas posibles, Vs feminismo de la igualdad liberal (V.Sendon). Idea de una voz sexuada, y de une écriture féminine criticada por L.Abu Lughod y no existe una voz de mujer diferenciada, no unión de las experiencias de las mujeres. Revolución y búsqueda de un nuevo orden simbólico no separado de lo empírico, de lo material, cuerpo no sólo como lugar de resistencia (G.Rubin y el lema “mi cuerpo es mío”) sino como espacio de producción de conocimiento y política

Diferencia de los sexos como diferencia ontológica y constitutiva de la experiencia humana. Experiencia madre-hija y mujeres de la librería de Milán. La cancelación de la figura de la madre L.Muraro y L.Irigaray. Ese carácter ontológico de la diferencia sexual teórica y políticamente clave para un feminismo postmoderno pensado y constituido a partir de la noción de diferencia y diversidad. Diferente del postmodernismo de J.Butler o la desigualdad en algunos de los pensamientos post-coloniales y sub-alternos. El cuerpo no sólo como base material que es leída, significada, sino como espacio de experiencia y de producción de significado (En el fondo me parece que no articula dialéctica materialidad/estructuras simbólico-políticas), sino a través de una relectura de la dualidad a la inversa, pero que no dialectiza históricamente la mutua interelación y la mediación relacional de esas experiencias imposibles de desincrustrar de relaciones de explotación y dominación. L.Irigaray caracteriza a través de la metáfora de los labios de la vagina que se cierran juntos y a su vez son dos, multiplicidad, pluralidad y singularidad que caracteriza el cuerpo sexuado de las mujeres. Corporeidad diferente que no diferenciada como propone C.Delphy. Esa diferencia interrelaciona con la diversidad de las experiencias femeninas, diversidad en un universo, eso sí, de diferencia/identidad compartida. Irigaray énfasis en la diferencia ontológica y la relación heterosexual de complementariedad como política de universalidad, relaciones con la alteridad también base para la propia identidad. (Diferente de Foucault y política de la homosexualidad, según Braidotti esas dispridades en el pensamiento de ambas filósofas muestra la diferencia en las formas de conocer y hacer política de mujeres y hombres. Política de las mujeres, grupos de autoconciencia, experiencia corporal, sensorial, más allá del lenguaje.

2.d) Marxistas radicales. Materialidad, desnaturalización y objetividad social. Las propuestas de las feministas marxistas radicales

Trataremos dos autoras C.Guillaumin y C.Delphy.

C.Guillaumin, Sexe, race et pratique du pouvoir. L’idée de nature. 1977-1990.

Periodización de su obra paralela a la de C.Delphy. Ambas suponen (precediendo a las teorías denominadas postmodernas) una clara apuesta por la desnaturalización, anti-esencialismo y estrategia de deconstrucción avant la lettre y desde una perspectiva materialista dialéctica.

Introducción del concepto de sexage, al igual que en el caso de racialización y esclavage: producción de cuerpos sexuados, que no preceden una relación de apropiación, y no simplemente de explotación, como apropiación de trabajo humano. Apropiación de la clase de mujeres (clase porque se define en tanto que tal por una relación de apropiación por la clase de los hombres), y no por una naturaleza pre-social. Esa apropiación es colectiva y no solamente se refiere al matrimonio, sino que la precede. Desposesión de la autonomía corporal de las mujeres y explotación de su fuerza de trabajo en el trabajo doméstico (cuidados, producción de mantenimiento y cuerpos). Vs aproximaciones idealistas, la marca racial como sexual no precede la relación de dominación. Vs lecturas del cuerpo desde las que se construye la desigualdad, y por tanto la lucha debe centrarse en los estereotipos. → Cuerpo como producto material de relaciones sociales (materialidad histórica y socialmente producida)

Capitalismo y patriarcado como estructuras de dominación independientes e interrelacionadas.

El sexage (sexuación-sexualización) como proceso básico para la sujeción. Assujettissement de las mujeres y relación de apropiación básica de los cuerpos de las mujeres como reproductoras, como objetos sexuales y como productoras en el trabajo doméstico y extradoméstico. No solamente se apropian de ellas exteriormente sino que se apropian al constituirlas como diferentes, en su desigualdad. La diferencia sexual, en la que entra esa primera diferencia supuestamente constituyente, la diferencia corporal-procreativa en sí misma forma parte de un proceso de alterización, particularización, minorización.

Desde esta perspectiva, semblante a Delphy, esa diferencia no natural, pero sí real, objetiva puede y debe ser analizada, por eso yo parto de relaciones entre hombres y mujeres, y mujeres y mujeres, como categorías sociales, ideológico-políticas fragmentariedad, pero también estructurales: “L’idée de spécificité interne, somato-physiologique des groupes sociaux concernés est une formation imaginaire (en ce sens que la naturalité se passe dans la tête) associée à un rapport social. Ce rapport est identifiable à travers les critères que nous avons notés, et qui sont, eux, tout à fait matériels et cernables, historiques et économiques » ( C.Guillaumin 1993: 189).

C.Delphy: « Penser le genre: problèmes et résistances ». L’ennemi principal 2. Penser Le genre (2001)[9]

Situada dentro del movimiento feminista radical: Proyecto de un movimiento feminista autónomo. Las mujeres sujetas a relaciones de dominación y explotación específicas, aunque no niega en ningún caso la existencia de otros principios de desigualdad[10] como clase, edad, centro/periferia que deben articularse en nuestros análisis. “La opresión de las mujeres como opresión específica, pero a su vez su especificidad nace de esa opresión y no a la inversa”. Esas relaciones específicas de dominación, de las que diferenciación de los sexos es parte constituyente, son las que C.Delphy recoge entorno al concepto de género. Construcción de la propia diferencia sexual y relaciones de explotación y dominación concretas todo comprendido en el concepto. → Biocorporalidad interrogada como elemento vinculado a dispositivos de reproducción de relaciones de dominación específicas.

Problematización de la dicotomía sexo-género tal como se expone en los primeros textos feministas utilizando el concepto: p.ej. K.Millet, G.Rubin. El sexo como lo biológico, dado, natural, anatómico y corporal. Esa materialidad aparentemente pre-social no lo es. Aunque no niega la materialidad social, la concibe de forma dialéctica (relaciones materiales-entramado político-ideal, estructuras-acción). Perspectiva compartida por C.Guillaumin y Mathieu. El cuerpo no materialidad significante en sí, o existente más allá de las relaciones sociales objetivas y las formas de conceptualización significante.

C.Delphy “le sexe non précède le genre”→ Cuerpos diferenciados y no diferentes. Y por qué se aísla esta diferencia (pene-procreación básicamente)? También mujeres que no pueden tener hijos por edad o por problemas físicos. Problematización de esa diferencia ontológica procreativa-corporal → Inversión de la ecuación: diferencia corporal-procreación-división del trabajo/dicotomía simbólica- jerarquización social———-jerarquización social-división del trabajo. procreación-diferencia corporal, identitaria, cognitiva, etc. → Ok la inversión, aunque esa prefiero utilizar dominación/explotción que jerarquización y división del trabajo o de roles en sentido general. Crítica a G.Fraisse o F.Héritier y reproducción del sentido común “la matière comme porteuse de sa propre signification”.

3 características básicas se conjugan en la definición de género que propone Delphy, características que implican una propuesta ontolológico-política concreta respecto a la relación entre cuerpo-diferencia sexual-estructuración de las relaciones sociales:

1. Diferenciación de los sexos constituida por el devenir histórico, políticamente y por tanto cambiante. Horizonte político la abolición de la propia distinción. Aunque esta abolición implica no un cambio de valores y estereotipos, un cambio ideal, sino una transformación, el final de esas relaciones de dominación. No búsqueda de la igualdad con los dominantes, cosa imposible, y ok crítica de C.Delphy a las críticas de la igualdad. Aunque estas críticas son adientes en el caso de feminismo de la igualdad liberal. Proyecto político versus la complementariedad de los sexos.: “Ces théories renvoient-elle-mêmes au thème –on devrait dire au schème- culturel profond de la incomplétude essentielle de chaque individu, dans la mesure où il/elle est sexué(e) (Crítica de Delphy a idealismo) les pratiques produissent les valeurs, d’autres pratiques produiraient d’autres valeurs (…) Pour conclure, je dirai que peut-être ne pourrons-nous penser le genre que le jour où nous pourrons imaginer le non-genre » (C.Delphy: 260).

2. Género como concepto que sirve para interrogar la propia diferencia sexual como relación de poder. Desplazando el análisis del contenido de los grupos divisos a cuestionar el principio de dicotomía/diferencia. Género como concepto analítico.

3. Género y jerarquización fundamental del contenido del concepto y no sólo diferencia tipo Strathern. Se acerca a Scoot y relación primaria significante de poder.

2.e) Performance, embodiment, y corporeidad agente. Las nuevas líneas de debate sobre el lugar de los cuerpos en las teorías/praxis feministas.

Llegadas a los años 90 se abre una tendencia respecto a los usos del concepto de “cuerpo” así como respecto al lugar de éste en las teorías críticas y en los proyectos políticos feministas que podría sintetizarse con la metáfora de un estallido, que rompe aquellas verdades sobre las que se asentaban los enfoques anteriores.

En general las teorizaciones se desplazan de la denuncia de la sujeción, explotación, dominación (p.ej. McKinnon, Firestone, Guillaumin, Delphy) de los cuerpos sexuados de las mujeres hacia el análisis de las resistencias, las subversiones, las transgresiones y las prácticas corporales/corporeizadas a-normativas, reconstituyendo el papel activo de l@s seres human@s (agency, embodiment, empowerment)

Este virage se relaciona con una descentralización de la sujeta política de los feminismos: Vs mujeres como sujeto estructural y político común (Black Feminist, Teoría Queer, Feminismo Transnacional[11], etc).

En general: género como discurso, y por lo tanto corporeidad sometida y/o exterior (Vs esquema dominación/resistencia. De Lauretis), precedente a la acción puesta en entredicho. desde la teoría del discurso de raíz foucaultiana, no significa como plantean algun@s considerar únicamente lo que se dice sobre o lo que dicen mujeres y hombres sobre sus propias relaciones, sino situar esos haceres, deseares y sentires/veres propios de mujeres y hombres en una situación social determinada como proyectos políticos, es decir saliendo del culturalismo metafísico en el que se confunde la estructura ontológico-normativa dominante con la totalidad de proyectos, representaciones y prácticas que involucran a las mujeres (y a los hombres) para hacer referencia a interlocutor@s y contextos sociopolíticos concretos, en los que se debaten diversas formas de estructurar y conceptualizar la participación de hombres y mujeres en la vida social, contraponiéndose, luchando entre ellas e imponiéndose muchas veces de forma violenta unas sobre otras. En este sentido, las prácticas sociales objetivas de las que son sujet@s/objet@s las mujeres y hombres lejos de entenderse únicamente como dadas y precedentes a la acción, son contempladas también en una génesis continúa que implica no sólo la reproducción de esas condiciones dadas, sino a su vez la producción de nuevas formas de objetividad relacional.→ El género como discurso: proyecto político nunca impuesto totalmente que construye identidades y sujetos sociales. Identidades de sexo-género: siempre políticas, y dinámicas, también en un mismo momento histórico, existencia de discursos/proyectos contrapuestos[12].

Abordaremos a continuación una obra de J.Butler y una de R.Braidotti:

Butler, J., Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo” (2003 (1993))

Crítica a la ontologización del cuerpo tal como lo hacen algunas teóricas feministas, entre las que se encuentran aquellas ligadas a l’écriture féminine, problematización de la existencia de una materialidad a-social, pre-social, y establemente continua. Diferencia sexual no existente fuera de las prácticas discursivas que la constituyen.

En esta obra propone clarificar 2 cuestiones de su obra: Gender in Trouble. Noción de materialidad y de performatividad. Puntualizando que no apuesta por una negación de la existencia material en aras de una hiper-idealización y reducción de la vida humana a estructuras de significación, esa significación tiene orígenes situados en las relaciones materiales y además constituyen esas relaciones materiales. En este sentido, Butler critica el constructivismo idealista, del que denuncia la reproducción de una idea de sujeto que construye, ¿Quién es ese sujeto que construye? ¿Cómo se determinan los contenidos de esas construcciones? Al género como construcción opone la sexuación, el género como continuum preformativo como práctica discursiva en el sentido foucauldiano, práctica discursiva por la que se producen esos cuerpos efectivamente y no imaginariamente sexuados. La sexuación como materialización de un proyecto/de un discurso político que se materializa en cuerpos sexuados. Aquello que se pone en entredicho es la idea de la existencia de una materialidad escindida, de la dicotomía condiciones objetivas de existencia, entramado simbólico-político (mundo ideal, mundo material como independientes). Perspectiva dialéctica que comparte con estudios postcoloniales, subalternos, postmodernos. Nociones básicas: Performatividad y agency, desencialización de las identidades/alteridades sociales: cuerpos materialmente sexuados que son así percibidos por otras, son vividos así por una misma, y actúan de ese modo, haciendo x trabajos, participando en x posición dentro de relaciones de explotación y dominación, presentándose de determinada manera: vestimenta, gestos, espacios, cercanía y distancias, etc.

Planteamiento que se ancla en una re-utilización del análisis discursivo foucauldiano. A partir de una no reducción del discurso como útil analítico a lo dicho. Por el contrario, recordar la propia definición ofrecida por M.Foucualt: “Tâche qui consiste à ne pas -à ne plus- traiter les discours comme des ensembles de signes (d’éléments signifiants renvoyant à des contenus ou à des représentations) mais comme des pratiques qui forment systématiquement les objets dont ils parlent.” (p.65-67) (L’Archéologie du savoir)→ Práctica discursiva y poder que genera, produce esos objetos y sujet@s de los que habla, que analiza y tipifica.

Categoría de sexo como normativa, como “ideal regulatorio” no sólo como idea no esencial, ni como concepto que transplanta una cosa en sí exterior al lenguaje. En tanto que “ideal regulatorio” el sexo sí existe más allá del lenguaje, que se materializa y que se impone en cada acto, aunque precisamente esa continuidad que demanda genera a su vez un espacio posible de sintax error, de discontinuidad, de desencialización y de posibilidad de subversión, tal como se expone en la parodia[13]. “ En otras palabras el sexo es un ideal regulatorio cuya materialización se impone y se logra (o no) mediante ciertas prácticas sumamente reguladas. En otras palabras, el “sexo” es una construcción ideal que se materializa obligatoriamente a través del tiempo. No es una realidad simple o una condición estática de un cuerpo, sino un proceso mediante el cual las normas reguladoras materializan el “sexo” y logran tal materialización en virtud de la reiteración forzada de esas normas. Que esta reiteración sea necesaria es una señal de que la materialización nunca es completa, de que los cuerpos nunca acatan enteramente las normas mediante las cuales se impone su materialización. En realidad, son las inestabilidades, las posibilidades de rematerialización abiertas por este proceso las que marcan un espacio en el cual la fuerza de la ley reguladora puede volverse contra sí misma y producir rearticulaciones que pongan en tela de juicio la fuerza hegemónica de esas mismas leyes reguladoras. Pero entonces, ¿cómo se relaciona la noción de performatividad del género con esta concepción de la materialización? En el primer caso, la performatividad debe entenderse, no como un “acto” singular y deliberado, sino, antes bien, como la práctica reiterativa y referencial mediante la cual el discurso produce los efectos que nombra. Lo que, según espero, quedará claramente manifiesto en lo que sigue es que las normas reguladoras del “sexo” obran de una manera performativa para constituir la materialidad de los cuerpos, y más específicamente, para materializar el sexo del cuerpo, para materializar la diferencia sexual en aras de consolidar el imperativo heterosexual” (J.Butler, 2003 [1993]). → ¿en aras de…?. Existe finalismo o un acontecer en el que se produce esa sexuación, más que una búsqueda de asentar la heterosexualidad, más bien un efecto, esas prácticas relacionales concretizadas producen, fijan, performan la sexuación. Por otro lado, los ligámenes que dibuja entre producción/actuación/performación/fijación de la “diferencia sexual” e imperativo heterosexual, como efecto y base de la producción de esa diferencia, contrasta con las propuestas de C.Delphy o Guillaumin quienes vinculan esa diferencia con una desigualdad concreta (relaciones de explotación y dominación) entre hombres y mujeres (como colectivos sociales-relacionales).

Redefinición de la materialidad de los cuerpos que propone Butler:

1) Materialidad de los cuerpos como efecto y no como origen de una dinámica de poder. (semblante a Delphy). Materialidad que es producida por acciones repetitivas, por prácticas discursivas, que constituyen esa materialidad y los significados que se le asocian.

2) Performatividad: no como performance voluntarista, sujet@ que escoge identidades o que crea realidades desde un lenguaje voluntariamente designado sino como confluencia de actos y dispositivos que producen esas realidades, esos objetos y sujet@s que se regulan, constituyen y tipifican. Vs naturalismo y construccionismo idealista, unos significados culturales que se transmiten y guían las relaciones humanas. Performatividad y necesariedad de una acción repetida, de la participación activa de l@s sujet@s sociales en la reproducción de nuestras formas de existencia. En otro sentido, esa misma performatividad (ver S.Hall)

3) Sexo como ideal regulatorio que gobierna la materialización de los cuerpos. Y por tanto género en el sentido de no esencial, humano, social, histórico y cambiable (cita de Butler en Gender in Trouble).

4) Fijación de esas normas corporales no en un@ sujet@ pre-discursiv@ que se somete, sino como prácticas productoras de ese propio sujeto constituido por esas prácticas. Vs performance y sujeto que juega al teatro de máscaras o consumidor de identidades. Sujeto que se crea en tanto que sexuado. → Imp para feminismo y sujeto político común que no está marcado por una posición compartida propia determinada, corpórea-naturalmente: “La construcción no es ni un sujeto no un acto, sino un proceso de reiteración mediante el cual llegan a emerger tanto los “sujet@s” como los “actos”” (:28)

5) Práctica discursiva de sexuación, que provoca igual que en el caso de racialización, etnicización, indigenización o minorización una negación, una expulsión, una abyección de aquell@s seres no subjetivad@s (non assujetis), al margen y a los que se niega la existencia, la relación social, la posibilidad de existir misma (ej. Intersexos tal como trata en Gender in Trouble). Ejemplo también aquell@s no auto-identificados o identificables como indígenas en las periferias, etc.

Rosi Braidotti., (1994) Nomadic subjects. Embodiment and sexual difference in Contemporary Feminist Theory.

Proyecto epistemológico y político de creación de una consciencia nómada. Problemática de la construcción de la subjetividad, sujeto del Feminismo. Tras la crisis de “la certitud moderna” en la unidad natural de las mujeres como sujeto natural, político, y como objeto de opresión, también crisis de la unilinealida del camino liberatorio (crisis de la Historia/Progreso, Sujeto que conoce: cogito ergo sum”. (:3): “Feminist figurations such as these are evidence of the many, heterogeneous ways in Vich feminist today are exploring different forms of the subjectivity of women and of their struggle with language in order to produce affirmative representations. The array of terms avaible to describe this new female feminist subjectivity is telling: M. Witting chooses to represent it through the “lesbian”, echoed by J.Butler with her “parodic politics of the masquerade”, others, quoting N.Miller, prefer to describe the process as “becoming women”, in the sense of the female feminist subjects of another story. De Lauretis calls it the “eccentric” subject; alternative feminist subjectivities have also been described as “fellow-commuters” in an on-transit state, or as “inappropriated others”, or as “postcolonial” subjects. The latter analyze gender in relation to other geopolitical concerns in terms of translational feminist links.

The starting point for most feminist redefinitions of subjectivity is a new form of materialism, one that develops the notion of corporeal materiality by emphasizing the embodied and therefore sexually differentiated structure of speaking subject. Consequently, rethinking the bodily roots of subjectivity is the starting point for the epistemological project of nomadism (see Subjetc in Feminism”). The body, or the embodiment, of the subject is to be understood as neither a biological nor a sociological category but rather as a point of overlapping between the physical, the symbolic, and the sociological (see “Body Images and the Pornography of Representation”). In other words, feminist emphasis on embodiment goes hand in hand with radical rejection of essentialism. In feminist theory one speaks as a woman, although the subject “woman” is not a monolithic essence defined once and for all but rather the site of multiple, complex, and potentially contradictory sets as class, race, age, lifestyle, sexual preference, and others (see “Sexual Diference as a Political Project”). One speaks as woman in order to empower women, to activate socio-symbolic changes in their condition: this is a radically anti-essentialist position” (:4).

Propuesta de Postmodern Feminist. Nomadic Feminist. Identidad política como punto de llegada y no de partida. Nomadic subject como entrecruce de diversas posiciones/situaciones (semblante Butler y Vs naturalismo del sujet@ político feminista). Reivindicando propuesta de Deleuze y Guattari según Braidotti no romantizando el nomadismo como muchos les acusan. Posicionamiento contrapuesto a N.Fraser o L.Nicholson y crítica a la despolitización postmoderna al fragmentarse el sujeto y romperse las metanarrativas de “justicia y liberación”.

Body Images and the Pornography of representation

Noción de embodiment que la autora sintetiza en torno a dos dimensiones:

(1)Embodiment: definido siguiendo a Foucault, biopoder, sujeción y corporeidad construida, producida, tanto en lo sexual como en lo reproductivo. Corporización producida a través de prácticas discursivas determinadas que imponen no solo forma de aprehensión/explicación cuerpo, sino prácticas corporales, relaciones materiales tales como el cuerpo del feto escindido de la madre y prácticas de re-presión del aborto, o de negación del papel procreativo de la madre. Ese análisis de la sujeción como paso para la constitución de una subjetividad femenina alternativa y de sus formas de representación (Vs embodiment como agency en tanto que concepto únicamente individualista)“ To situate this issue within the debate on the structures of the contemporary philosophical ‘subject’, I willbe using M.Foucault’s idea of embodiment, or bodily materiality: the materialism of the flash. This notion defines the embodied subject as the material concrete effect that is to say, as one of the terms in a process of wich knowledge and power are the main poles. The idea of constant, continuous and all pervading normativity –wich Foucault opposes to the notion of violence of/As ideology –is alternatively defined as the microphysics of power, biopower, or as the technology of the self”(Braidotti, : II 1). El cuerpo como efecto constituido materialmente, objetivamente y no únicamente materialidad que se significa, análisis del discurso profundamente diferente de análisis simbolista, praxis de proyectos significantes y constituyentes de ciertas relaciones materiales y de esos sujet@s que se relacionan. Ej: hakimas y control efectivo de la sexualidad cuerpos de mujeres (biopoder)[14], mujeres en su praxis obsesionadas con su cuerpo o cuerpos lesionados, enfermos o cuerpos disciplinados y autocontenidos, ciertas relaciones sexuales reprimidas o sexualidad con una misma borrada de las prácticas. Además de anatomía política y saber/poder interpretaciones sobre el cuerpo, por ejemplo la diferencia alteridad sexual, tecnologías políticas de control y manipulación de la acción y las relaciones corporales. Normativización de los cuerpos. Prácticas discursivas según la definición de Foucault que no hacen referencia únicamente a la significación asociación simbólica, sino a la producción de sentido material que convierten el cuerpo en dócil, sumiso, usable, productivo, etc. Objetivificación y sujeción en varias procesos interconectados: (1) saber constitutivo y conociente positivamente a su vez que reificador (espiral saber/poder), (2) microfísica poder y tecnologías efectivas de subjetivación (3) autosumisión y autodominación, interiorización normativizada constituida a través de procesos de subjetivación. Ejemplo de velo y vestido modesto /velo tradicional impuesto/velo político auto-impuesto, o matrimonios forzados exteriormente en los 50, matrimonios forzados por el deseo propio de las chicas en la actualidad.

Crítica a las tecnologías reproductivas, aunque desnaturalización de los cuerpos nuevas formas de saber/poder y de performación de subjetividades. y nuevas formas de sujeción de los cuerpos de las mujeres, aunque no la tecnología en sí, lo material por lo material sino situada en las relaciones patriarcales estructurales. Fotografías a embriones y embriones por encima mujer y control de su sexualidad.

(2) “Embodiment” como empowerment. Situated politics and knowledge e importancia de la experiencia, la materialidad que nos constituye y de esas relaciones materiales en las que existimos, en las que actuamos, de las que somos objet@s. Propuesta de una praxis política construida desde esa materialidad socio-colectiva individualmente vivida y que busca dirigirse hacia esas condiciones materiales de relación y no únicamente hacia una demanda de derechos formales. Cuerpo en el sentido de materialidad situada, entrecruzada y plural desde la que actuar y de la que apropiarse las propias mujeres. La liga a feminismo de la diferencia L.Irigaray sobretodo y política de las mujeres, política en primera persona, etc. También a ciencia alternativa y nuevas formas de aprehensión, constitución de saber desde la experiencia, lo material, abiertamente subjetivas y sensitivas Vs homo pensante abstracto: ej. auto-análisis y auto-etnografía, o studyng your own society, grupos de autoconciencia: “importancia de lo táctil y del tocar!. Mujeres históricamente más apegadas a la materialidad inmediata activa y no especulativa academicismo (cierto esencialismo y unitarismo del que no se desprende Braidotti). E.Fox Keller[15] Vs le regard éloigné y la distinción sujeto que conoce disembodied y objeto exterior, externo. Materialidad como exterioridad, fatalista o voluntarístamente apropiada. Oposición semblante a la de cuerpo/mente, dado/mutable, activo. Dicotomía puesta en entredicho por feminismo.

T. de Lauretis y subjetividad feminista que puede construirse como activa siempre que no se reproduzca una subjetividad femenina creada e imaginada por el discurso androcéntrico y las relaciones de género: agencia y mujeres como sujet@s empíric@s concretos no sujet@s individuales, pre-sociales o universalmente-naturalístamente determinados. Propuesta semblante a J.Butler y Scoot en Feminist theorize the political.

Haraway y redefinición de la objetividad, proyecto epistemológico llamado “situated knowledges” Vs disembodiment, sin renunciar a lo noción de materialidad y condiciones objetivas relacionales, objetividad como producto de relaciones sociales, al igual que el conocimiento. Mundo como materialidad relacional agente y producto a su vez, acción social, entre ellas producción de conocimiento, como agente transformador de ese mundo y como producto de esa relacionalidad en la que se sitúa cada sujeta concreta: “Los seres human@s hacen la historia, pero en condiciones que no han escogido”. (Marx, Luckacs, Bourdieu).

→ Propuesta de Braidotti feminismo postmoderno, que bebe entre otras fuentes de la obra de Deleuze et Guattari: Nomadismo, identidades mutables, cambiantes, situativas e interelcionales. Devenir en el sentido propuesto por l@s autores, ya pre Marx, Luckacs o Nietzsche. En mi caso y para mi investigación en Siria, me interesa ese devenir hombre y mujer, como un devenir cambiante, inestables y por ello que debe ser actuado en cada momento, pero sobretodo un devenir relacional, no cambiante al azar no todo puede ser. Interesante crítica a S. de Beauvoir y nunca se llega a devenir mujer en el sentido de una identidad no revisable, absolutamente performada, ok, pero si nuestro análisis no se sitúa en esa dimensión identitaria, autoreconociente y reconocimiento de l@s otr@s, sí que ciertas estructuras acaban produciendo existencias normalizadas, y estructuradas según relaciones de explotación y dominación objetivas. Por ejemplo, en Siria: mujer campesina madre, ciertos trabajos, apropiación de su trabajo doméstico y extradoméstico, esencialización ideológico-política de sus posiciones sociales, etc. Interesante la articulación diversos principios de desigualdad: por ejemplo cuerpos de campesinas diferentemente construidos tanto significantemente como de forma material, en su praxis (movimientos, gestualidad, vestimenta, malestares, experimentación de su corporeidad, etc). Delgadez, horas de trabajo, autocontrol alimentario, autocontrol sexual según clase y distintos momentos históricos. Esas relaciones de dominación y explotación no sólo reproducidas por las tecnologías de subjetivación y por ciertos habitus que normalizan la reproducción de esas formas de relacionarse, sino también por condiciones objetivas de existencia que persuaden y sobretodo tornan imposible existencias alternativas: violencia física, imposibilidad de producción y reproducción de la propia vida sin entrar en ese circuito de explotación (proletarias y mujeres/esposas). En este sentido, propongo no confundir mutabilidad con contingencia, performatividad con performance..

3. Reflexiones inconclusas y propuestas en curso:

Tras este apresurado recorrido por algunas de las propuestas teóricas feministas respecto al cuerpo como materialidad social y como categoría política (producto y agente en/de las políticas feministas), sintetizaré cuatro grandes líneas de análisis que atraviesan el proyecto de investigación en el que trabajo:

1. Antropología encarnada y conocimiento situado (Embodiment y situated knowledge)

Siguiendo las propuestas de autoras feministas como D.Haraway, R.Braidotti, L.Abu Lughod, planteo la necesidad ineludible de mantener una constante reflexión epistemológica y metodológica (antropología auto-reflexiva y trans-reflexiva) sobre las condiciones de posibilidad y las consecuencias socio-políticas de mi praxis investigadora. Práctica investigadora encarnada/corporeizada que se opone a la flotación objetivista de la hipérbole cartesiana que conoce desde la mente “pura” (como si fuese posible!!). Partiendo de la inextricabilidad absoluta de nuestra participación en la creación de ontologías reproductoras, cuestionadoras o transformadoras de los ordenes de poder existentes, ¿Dónde me posiciono? ¿Por qué construyo de esta forma el objeto de estudio? ¿Qué implicaciones políticas conlleva la metodología de recogida de información y de exposición “escogida”?. Esa antropología encarnada relaciona dialécticamente la reflexión estructural-relacional sobre el devenir socio-histórico desde, en y para el que investigo, vinculándola a una auto-reflexión sobre mi posición social y posicionamiento político concreto. Y a su vez, propone el entrelazamiento entre la experiencia objetiva, reflexiva y vivida propia y las experiencias sociales de las sujetas de estudio. No negando la aplicación investigadora de la política feminista del partir de sí.

Intentaré sintetizar las coordenadas principales en las que interseccionan las condiciones socio-políticas globales de existencia, mi historia personal, y mi posicionamiento político. Las tres palabras claves que estructuran el objeto de estudio en el que trabajo no pueden ser más evocadoras de estas intersecciones: 1) mujeres, 2) sirias, 3) trabajo. Ya un nivel inmediato, las dos primeras variables designan dos aspectos de mi propia experiencia/identidad social que sin duda han marcado profundamente la elección del objeto de estudio. Pero, ¿por qué esa fijación por el trabajo de las mujeres, por su participación en la producción, y por la crítica a la perspectiva feminista liberal? Sin duda, de nuevo mis propios orígenes de clase tienen la respuesta. Hija de una proletaria textil murciana que vivió en una cueva de Collserola durante más de siete años y que comenzó a trabajar en una fábrica a los once años, y de un sirio de familia campesina que pudo estudiar gracias a que un primo lejano de la familia que vivía en México fue su mecenas. Recuerdo desde mis primeros contactos con los movimientos feministas liberales una tensión, incomprensión e incluso rechazo que sigue presente cada vez que oigo hablar de “la liberación de la mujer a través del trabajo” (entendido como trabajo asalariado), y pienso en las consecuencias que el capitalismo tiene para las vidas y muertes de tantas mujeres proletarias, jornaleras, campesinas o simplemente lumpen. Por otro lado, mi experiencia viviendo con mi familia en el pueblo originario de mi padre (un pequeño pueblo campesino cercano a la costa Siria que está a unos ochenta Km de el Khereibet) me ha enseñado a agudizar mi mirada crítica respecto a las imágenes victimizadoras que se proyectan desde las clases medias ilustradas sobre las vidas de las mujeres campesinas, imágenes que continuamente son desmentidas por mis experiencias cotidianas. A sí mismo las propias historias sobre el pasado, que en especial mi abuela Mounifa me explica desde mi adolescencia, así como el uso contradictorio e incluso opuesto de la categoría de tradición, que he observado en mis interacciones cotidianas con mi familia y amigos me llevó hace tiempo a desconfiar de las llamadas tradiciones ancestrales como compendios ideales que determinan las prácticas sociales.

Volvamos ahora a las dos primeras coordenadas personales-sociales que señalaba anteriormente: el hecho de que no sólo sea mujer y feminista, sino de origen árabe, en un contexto mundial profundamente neo-imperialista y donde l@s árabes están siendo constituidos como l@s otr@s estigmatizad@s por excelencia, es la otra intersección que actúa como condición de posibilidad del aislamiento de la problemática de estudio en la que me centro. En este sentido, mi trabajo combina mis inquietudes feministas y anti-imperialistas en un momento en el debate político-mediático se cierne sobre la tiranía de las tradiciones que oprimen a las mujeres árabes[16] como uno de los argumentos preferentes para justificar la masacre, la ocupación, la explotación y la dominación de esas personas alterizadas como árabes o musulmanes [17].

La fuerte carga política explicita de mi proyecto de investigación conlleva sin duda un peligro del que soy consciente, no por ello me resulte más fácil mitigarlo, este peligro, el cual se ha hecho patente en diversas ocasiones desde que comencé a trabajar en este proyecto, es la idealización o la estereotipación positiva de las vidas de las mujeres árabes, sobretodo las habitantes en núcleos rurales, que mantengo como idea política presupuesta frente a las imágenes imperialistas y capitalista-liberales que se proyectan sobre ellas. Al respecto, mi posicionamiento feminista, supone un elemento equilibrador de esa tendencia a la estereotipación positiva frente a la estigmatización y la denigración. Pues mi voluntad por conocer (y transformar) las relaciones de explotación y dominación objetivas en las que se encontraban y se encuentran inmersas estas mujeres, y mi propia experimentación de estas relaciones de poder en mi propia piel en “mi otra vida” en Siria, abren un horizonte de salida al efecto paralizador de cualquier oposición naïve entre estereotipos estigmatizadores e imágenes positivas no menos estereotipantes y estereotipadas.

Finalmente debo aclarar que la crítica a la objetividad deificada del conocimiento que planteo no debe confundirse con una imposibilidad de entender las condiciones objetivas en las que también viven, sufren, aman, lloran, ríen y mueren las seres humanas, más allá, y en profunda relación con las representaciones que se hagan de ellas los sujetos sociales). En este sentido, no me parece suficiente centrarse en las conceptualizaciones simbólicas, normativas, valores y estereotipos sobre la feminidad y masculinidad, sino que planteo la necesidad de volvernos hacia las condiciones materiales de existencia de hombres y mujeres[18]. Esas condiciones objetivas de relación, más allá de la representación y voluntad humana, serán tomadas como productos históricos del devenir concreto de relaciones anteriores (Vs cosificación de las formas de objetividad).

2. Cuerpos, sexuación y producción de la diferencia de los sexos: Parto de la diferencia sexual como entramado político-simbólico analizable en relación a esa reproducción de relaciones de poder (J.Scoot, C.Delphy, C.Guillaumin). Esta perspectiva anti-esencialista, se conjuga con una apuesta materialista histórica desde la que se entiende que esta sexuación funciona materialmente coagulando en una diferenciación/desigualdad, efectivamente en ciertos aspectos (y siempre en relación a otros principios estructurales) acaba produciéndose esa separación, relación dicotómica. Dicotomía que, en el caso de lugar social de estudio, se observa en el vestido, las actividades desempeñadas, las posiciones estructurales y la experiencia como ejecutor/ paciente de ciertas relaciones de explotación, dominación, solidaridad, reciprocidad, cooperación, etc. En la línea de C.Delphy, me propongo explorar la construcción y producción de la diferencia sexual en Suria como parte de los dispositivos de explotación/dominación, aunque no únicamente, pues discrepo de la aserción de Delphy sobre la oposición entre igualdad y diferencia, y su afirmación respecto a las relaciones causales entre desigualdad y diferencia. Si bien, aunque la desigualda no agota la diferencia, en una situación social estructurada en torno a relaciones de dominación y explotación, esta diferenciación no deja de estar atravesada y constituida por la desigualdad, por esas relaciones sociales concretas que constituyen los grupos, las identidades y alteridades.

→ Exploración de los discursos biologicistas, teológicos, etc que reflejan y producen la producción de la sexuación de los cuerpos de mujeres y hombres. Esta exploración que incluye el sexo, la sexuación como punto de partida analítica y no verdad axiomática, se conjuga con una perspectiva perfomativa (J.Butler) de la diferencia de los sexos que implica no sólo una construcción simbólico-significante dada, estable y supra-cotidiana, sino el análisis de las propias presentaciones corporales (vestidos, espacios, gestualidad, etc) que marca, sexiza y sexualiza. (“Hacer de” que nos constituye y que nos hace)

3. Materialidad corporal, explotación y dominación social: cuerpo material y sujeción. Dominación y explotación con la que captamos fenómenos, experiencias de sufrimiento como el dolor en relación a x trabajos, las malformaciones, la pérdida o la hiperconstutición de un cuerpo fuerte y resistente. Experimentación de la desigualdad en la experiencia corporal sean desgastes óseos o asco al cuerpo y anorexia como suicidio lento. → Estudio de las experiencias corporales (objetivas, vividas y reflexivas) de mujeres y hombres de distintas clases en las que coagulan formas estructurales de relación social.

4. Embodiment y sujetas históricas. Resistencias, transgresiones corporales y transformación social:Embodiment y cuerpo político sobretodo a partir de una lectura no posibilista (G.Rubin y otras y cuerpo como espacio de experiencia sexual liberada: “mi cuerpo es mío”), sino más bien situada como la de J.Butler: puede existir esa agency, aunque problematiza más la idea de liberación, como praxis de un deseo su-jetivo, emitido por una sujeta precedente a la acción, precedente a lo social. Fuera del discurso.

Exploración de las prácticas locales de desestabilización y denuncia desestabilización y denuncia a través de manipulaciones corporales, vestimenta, negación de hacer el amor, otras prácticas de infertilidad voluntarias.

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[1] Utilizo la categoría de cosificación en su afección luckasiana como negación del proceso social (relaciones sociales) que da vida a un objeto, una moral, un sistema ideológico, una forma de ordenar la vida social, etc. Como ejemplo paradigmático, encontramos como en la sociedad capitalista la mercancía es vivida (representada por la sociedad) como un ente con vida propia, que existe más allá de sus origen, más allá de las relaciones humanas que le dan vida, olvidándose así su carácter de producto de las relaciones de trabajo humanas, su pasado como trabajo vivo y su presente como trabajo muerto (fetichismo de la mercancía). Se busca entonces en la mercancía una serie de atributos de los que la vida social se encuentra alienada (tiempo, fuerza, creatividad, libertad,…). Y se la mistifica otorgándole una serie de poderes ideales.

[2] Cf. para una aproximación prácticamente a modo de manifiesto de la crítica performativa a la dicotomía sexo-género, J.Butler, 2001. Para un cuestionamiento de ese dualismo desde posicionamientos no negadores de la corporeidad y la naturaleza en tanto que realidades objetivas con las que interacciona el devenir histórico-social, ver. V.Stolcke, 1987 y 1992.

[3] Me refiero a la “diferencia de sexo”, restringida a caracteres anatómicos y fisiológicos, así como al papel diferencial en la procreación. He preferido no utilizar el término “diferencia sexual”, pues éste puede remitir a la elaboración teórica feminista de la diferencia, que encuentra en el concepto de “diferencia sexual” -como disgregación de las experiencias y voluntades de mujeres y hombres-, y sobretodo por oposición al feminismo liberal llamado también en una de sus variantes feminismo de la igualdad- su nudo teórico-político central.

[4] Aunque este tipo de planteamientos había aflorado ya anteriormente, y no pueden vincularse exclusivamente a la entrada del género en las luchas feministas. Al respecto únicamente tenemos que recodar la archirepetida frase de Simone de Beauvoir “no se nace, sino que se deviene mujer”, inserta en su obra de 1949, Le deuxième sexe.

[5] Algunos de los argumentos utilizados por estas activistas no pueden ser más evocadores de esa centralización de la lucha contra opresión de las mujeres a través de la reivindicación de una sexualidad liberada sintetizada en el lema: “mi cuerpo es mío”. Al respecto podemos recodar el artículo de C. McKinnon, “Feminism, Marxism, Method and the State” (1982) en el que se señala “la objetificación sexual es el proceso primario de sujeción de las mujeres. Otras autoras como la estadounidense M. O’Brien o Sh. Firestone incluso llegan a hablar de la reproducción como una “trampa amarga para las mujeres” o a celebrar las nuevas tecnologías reproductivas como arma básica para la lucha feminista, pues posibilitará la no reducción de las mujeres a madres. Ver, J.Scott, 1990: 32.

[6] Cfr. V.Stolcke, 1974.

[7] Para un análisis profundamente estimulante del lugar central del binomio cuerpo/naturaleza dentro de los dispositivos de sexuación y sexualización, tras el decline de la ontologías-políticas teo-centréticas, ver J.Butler, 2003.

[9] Publicado originariamente en 1991: « Penser le genre: quels problèmes? », en M.C Hurting et ali (eds.), Sexe et genre, Paris, Presses du CNRS, 1991.

[10] Principios de desigualdad como clase, sexo-género, metrópolis/colonias. No principios como formas organizativas dadas, esos principios son formas de conceptualización. Aislamiento de x relaciones sociales con x contenidos, continuas, no discontinuas. No se trata de un idealismo maquiavélico del tipo jerarquización, rol/estatus y posibilidad de cambio legalista, importancia del cambio infraestructural.

[11] Cfr. P.Bachetta (2006)

[12] Este hincapié en el género como campo político en el que colisionan proyectos/discursos contrapuestos, se encuentra ya prefigurado en el artículo de McCormack , “Nature, culture and gender: a critique”, incluido en C.McCormack y M.Strathern, 1992 [1981], pp. 1-24.

[13] Pero ¿basta entonces con pararse, con subvertir esa necesariedad y esa regulación, por qué no lo hacemos además de por los habitus?. ¿Cuáles son las condiciones objetivas que invalidan las subversiones y resistencias, que frenan una transformación estructural y que imposibilitan en la mayoría de los casos esas subversiones o prácticas anti-normativas? Por ejemplo muerte física o social si no te casas. No sólo dominación, hegemonía ideológica sino economía de lo posible (Bourdieu). Pregunta que guiará mi estudio en antropológico-histórico en el Khereibet

[14] Cfr. Omnia Shakry “” en L.Abu Lughod (1991).

[15] Ver referente.

[16] Obsérvese el uso del concepto de tradición anclado a su vez en una definición romántico-esencialista de cultura y en una visión modernista-teleológica (progresiva) de la historia.

[17] Cf. L.Abu Lughod (1991), Y.Aixelà (2000), C.Delphy (2005).

[18] En este sentido, si bien no pretendo obviar que quizás ambos colectivos no forman a priori colectivos homogéneos y contrapuestos, no tomo esta consideración al modo constructivista-simbolista (son sólo categorizaciones conceptuales formuladas desde la diferenciación, semejanza o jerarquización), sino en un sentido materialista-dialéctico: deberemos observar las condiciones de participación en la vida social, para establecer si trabajar con la dicotomía hombres/mujeres es adecuado, pues expresa un tipo de relaciones concretas (por ejemplo en el caso que en cierto aspecto de la producción/ distribución/ consumo/dilapidación/disfrute del producto social se encuentren ambos colectivos en posiciones distinguibles).

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